Esta no es mi historia, mi nombre no tiene relevancia, solo lo que tengo que contar es indispensable para los que aún tienen esperanzas de que podemos subsistir. Sigo vivo agónicamente en una pequeña sociedad de suprema infamia y maldad, mi mundo ya no existe, el mundo de todos los humanos que alguna vez dieron vida a un planeta llamado Tierra. Nuestra ira, desesperación, injusticia y arrogancia nos llevó al desastre, al caos total, casi a nuestra propia extinción, ahora lo único que queda son vagas memorias de la felicidad que algún día existió. Recuerdo que todo empezó por la escasez, dejaron de haber mares llenos de vida, desaparecieron los ríos, abundancia de peces muertos en las playas de diferentes naciones, lamentos de enormes ballenas atrapadas en lugares inimaginables, ya el aire no era tan puro y sano como solía ser, arboles sin hojas ni frutos comenzaron a llenar los inmundos bosques que aún se mantenían en pie a pesar de la poca vida que existía en nuestro hábitat. Al levantarnos no se escuchaba el canto de las aves, ya no se escuchaban los gritos de juego de los pequeños infantes, nunca más hubo un parque habitable, una sonrisa que no ocultara tristeza, una melodía alegre, no volví a ver un animal salvaje en lo que quedaba de flora, todos los que pudieron sobrevivir a esta catástrofe fueron cazados y a los pocos que continúan vivos es imposible acercárseles porque se han vuelto muy agresivos. Con el tiempo el cielo se oscureció, jamás volvió a verse ese color azul que en tantas ocasiones dejamos de prestarle atención y que actualmente añoramos como la comida o el agua, no volvieron a crecer las flores, donde hubo verdes prados hoy solo hay cenizas, lugares que nunca fueron fríos y siempre estuvieron bajo el inmenso azote de los rayos del sol vieron caer tormentas de nieve, lluvias interminables, no había clima estable o seguro y ninguno de nosotros estábamos preparados para eso, ya no podíamos distinguir lugar de paradero, todo estaba irreconocible. Salíamos de nuestros inventados hogares, si es que se pueden llamar así, unos cuantos conscientes y yo, andábamos con gruesas mantas y mochilas reforzadas de los suministros encontrados en las cegadas calles protegiéndonos de los inmensos temporales que nos invadían, estos atacaban en intervalos desconocidos por varios minutos, tan inesperadamente que a cada sitio que dirigíamos la vista se divisaban personas congeladas a causa de las temperaturas despiadadas que no daban posibilidad a los que no encontraban refugio, desoladas mujeres se aferraban fuertemente a sus sufridos hijos que por el hambre u otra causa ya no respiraban, en nuestras destruidas ciudades ya no quedaba cosa valiosa para los ojos ni para el alma y nosotros no hicimos absolutamente nada para impedirlo, ayudamos a crear este patético sitio donde existe únicamente dolor y violencia, pero esta catástrofe solo fue el principio, la verdadera miseria comenzó cuando se inicio la lucha por la necesidad de matar por la supervivencia. Hoy es 18 de junio de 2062, han pasado casi 2 años desde la primera ola de terremotos, lo que paso en nuestro mundo no tengo palabras ni conocimientos para explicarlo o describirlo, no hubo ni hay hombre de ciencia que pueda ser capaz de decirnos cuál fue la verdadera causa o error, algunos creemos que nuestro planeta simplemente murió, nos ha hecho pagar el descuido hacia la naturaleza y todo lo hermoso que se desintegro por la supuesta ignorancia, ya no existe espíritu y hay muy poca vida en lo que en su momento fue el hogar de millones de seres vivos, no supimos enfrentarnos a lo que llegaba despacio pero destructivamente, nos comportamos como animales no inteligentes e irracionales, solo importaba no morir, un día más de vida era suficiente excusa para asesinar sin piedad a hombre, mujer o niño, todos éramos vistos con ojos de igualdad cuando se tomaba la vida de alguien más sin pretexto alguno, solo por razones injustificables ante mi criterio y el de mis queridos compañeros, donde entre ellos estaba mi amada Pauline Gemels, la mujer que amo, mi viejo amigo Yuri Rudiort, que sigue a mi lado como el hermano que nunca tuve, y mi hijo Bastian, el único vivo de tres, a veces sueño con que mis otros hijos estarán esperándome en un lugar mejor donde gozaran de la anhelada paz, espero poder verlos otra vez, porque temo por mi elocuencia. Debido al hambre y a las enfermedades ya no existe la humanidad, la gran mayoría se ha convertido en una especie de animales rabiosos y carnívoros, ahora son bandas que se dedican al saqueo y a las matanzas de las cuales intento proteger a los míos, andan armados de fuertes barras cilíndricas de hierro, con cadenas y artefactos increíblemente desconocidos para mí, son mugrientos y con un olor tan desagradable que podría olerlos a distancia, a estas bandas las llamamos ``los insensibles´´, ellos se refieren a nosotros bajo el nombre de ``los piadosos del pasado´´, los que aferrados a ese pasado ahora somos vistos como débiles. Debemos estar siempre alertas, ya ni la calma que nos ronda es segura, a nuestro alrededor solo conocemos una familia que aún está a salvo, o al menos lo que queda de ella, todo el que no se ha transformado en un ser despiadado está bien escondido, tratamos de mantenernos con vida cuidándonos mutuamente para no enfermar, porque si eso ocurriera ya no habría posibilidad de vida para la víctima, no hay medicamentos para enfermedades conocidas y mucho menos para estas que han surgido que no sabemos ni cómo llamarlas. Aun creemos en una esperanza, sabemos que existen sobrevivientes que prefieren perecer a convertirse en brutales asesinos, ellos están reunidos en una fortaleza dentro de una antigua presa que ha pasado a ser la oportunidad de vivir para los que aun odiamos la violencia, mi obligación es ir por mis vecinos escondidos y junto a mis iguales partir con el propósito de lograr alcanzar esa esperanza, la de sobrevivir sin llenarnos las manos de más sangre. En estos momentos Yuri y mi hijo se preparan para salir en busca de alimentos, esta vez yo no los acompañaré, debería haberlo hecho pero solo le dije a Bastian que tuviera cuidado y no dejara de permanecer alerta, él me contestó con una sonrisa muy segura:
Bastian – Tranquilo padre, recuerda que ya soy un hombre y no creo que nos encontremos con esos rufianes sin corazón, ya hace bastante tiempo que no se les ve por aquí, ya han destruido todo lo que había, además, no creo que conozcan nuestra existencia, de lo contrario ya tendríamos noticias, aprovecha y descansa un poco junto a mi madre, y por las tempestades tú no te preocupes que para eso está el viejo Yuri que no deja de cuidarme, tu tranquilo padre, ve a descansar que seguro mi madre estará buscándote en la cama mientras tiene sus habituales pesadillas. Al salir debemos verificar bien de que por los alrededores no hay peligro, yo desde una de las ventanas modificadas con fuertes rejillas de hierro les doy el aviso y se marchan rápidamente, sin esperar a más me dispongo a seguir el consejo de mi hijo y me voy a las duras y frías camas hechas de piedra y cartón donde me espera mi esposa, que a pesar de la situación logra conseguir algo de sueño. Me acuesto y la abrazo despacio y con mucha delicadeza, es increíble que en medio de tanto espanto ella me haga sonreír sinceramente y me de tantas fuerzas solo de mirarla tan callada con esos hermosos ojos que tanto me gustan y que están ocultos debido al inmenso cansancio, momentos como este no duran demasiado, lucho por mantenerme despierto pero es imposible, esta es la irónica paz temporal que me hace soñar una vez más. Me despiertan grandes y robustos golpes en la puerta, le pido a Pauline que se quede inmóvil y dándole un beso tomo el garrote de madera que tengo como arma y al acercarme a la rígida puerta noto la voz de Bastian y Yuri, se encuentran desesperados y al abrir tan rápido como pude la puerta veo enseguida a mi amigo sangrando de un brazo, ya dentro de la casa y cerrándola con toda exageración escucho a mi hijo decir asustado y desesperadamente:
Bastian - Son ellos, son ellos, no los vimos debido al mal tiempo, no los pude ver por la abundante neblina, te lo juro padre que no pude verlos, lo siento.
Enseguida de que mi hijo terminara de decir esto quedándose casi al borde de perder el aliento, mi amigo me hizo temblar por la inseguridad en que nos encontrábamos, cada palabra que salía de sus labios me provocaba una desgraciada parálisis en el cuerpo del terrible miedo que sentía pensando en que tal vez sería nuestro último día en este derrumbado mundo.
Yuri - Están detrás de nosotros, no faltara mucho para que den con nuestro rastro, nos vieron y no tuvimos más opción que la de huir sin darnos cuenta que estábamos delatándonos fácilmente al venir aquí, pero no teníamos otro sitio en el cual escondernos, debemos irnos lo antes posible, no perdamos tiempo o esta será nuestra última conversación, debemos apresurarnos.
Mi mujer al sentir el tono al hablar de nuestro hijo y Yuri no dudo en prepararse, sin escuchar el tema de conversación ya conocía lo que debía hacer, antes de que pudiera reaccionar ya ella estaba dispuesta a partir.
Pauline – debemos irnos amor, es tiempo de marcharnos, sabíamos que esto algún día sucedería, esperamos por ti.
Quizás no soy el indicado para proteger esta familia, tu eres mucho más fuerte que yo amigo mío, y tu hijo, eres el hombre más valiente que he conocido, tengo mucho miedo y ustedes aparentan no enterarse, nunca he sido un hombre de guerra, pero juro por todo lo que amo que lo intentaré, llegaremos al refugio, ya es hora de actuar, gracias por confiar en mí, no los decepcionaré. Estas fueron mis palabras de confianza al ver la desesperación que había en cada rostro, pero no mentí ni en una sola palabra de lo que dije, estaba muy asustado también, mi mujer me dio un beso, mi hijo un abrazo y mi amigo un gesto, un gesto que solo significaba una cosa para mí, era hora de decidir nuestro destino, después de ese apoyo solo pensaba en algo, ese pensamiento que nunca me abandona, realmente espero poder salvar a mi familia. Nos marchamos dejando atrás aquel que fue nuestro hogar y refugio por mucho tiempo, no sabíamos que nos esperaría en el futuro, pero no iba a permitir que los insensibles atraparan todo lo que me queda, prefiero morir bajo las manos de mi planeta, este planeta sin color que nos ha abandonado…
Soy un hombre de paz, o al menos eso era. Estas fueron mis agónicas y moribundas palabras antes de perderlo todo.
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